He recorrido mundos enteros dentro de mí, reconociendo las máscaras que he usado y los patrones que guiaron mi forma de estar presente. Este es el primer umbral. Lo real aparece cuando dejo de pedir permiso para ser quien soy. Me arranqué las capas que ya no me definen, y cada una cayó como una corteza seca que el viento se lleva. Camino hacia ese lugar sin saber del todo qué encontraré, pero con la certeza de que ya no quiero vivir lejos de mí. Sigo adelante, con las alas abiertas. Lo que soy no cabe en ninguna medida.
Me dijeron cómo ser, qué esconder, qué caminos eran los correctos. Aprendí a mirarme desde afuera. Pero ninguna expectativa ajena puede decidir lo que arde con luz propia. Algo me llama desde el fondo, una intuición que no pudieron domesticar, una verdad que insiste en salir aunque incomode. La ilusión se rompe cuando el molde se vuelve estrecho para contenerme. Yo soy la señal. Todo cobra sentido cuando miro la vida a la luz de la justicia.